9:30 – martes 26 de Junio. En una cafetería de Andalucía

Hola.
Hola. ¿Qué va a tomar?
Menta poleo.
2 minutos más tarde. Me trae la chica la infusión que le había pedido.
Me había servido la bolsita de menta en un pequeño recipiente metálico para que se preparase la infusión. Así que esperé un poco antes de abrir la tapa para ver si ya se había convertido el agua en menta poleo. Cual fue mi sorpresa al destapar aquel cacharro y ver que en lugar de contener agua de un tono verdoso propio de esa infusión aquello era algo semejante a un espeso caldo de pollo. ¿Sería aquel un nuevo milagro pero en vez de convertirse el agua en vino se transformaba la menta en caldo de pollo?.
Llamé a una de las chicas y le dije que aquello tenía que estar en mal estado porque ese agua turbia no tenía buen aspecto.
La chica miró la etiqueta con un desprecio que me sorprendió y me dijo escuetamente: “menta”.
A mi lado se encontraba una señora mayor que no dejaba de mirar.
Al pasar la otra chica por donde yo estaba, era la que me sirvió aquel brebaje, le dije que mirase la infusión que aquello tenía un color blanco turbio que nada tenía que ver con una infusión de menta poleo. ¿Saben lo que me respondió?. Miró la etiqueta y después de mirar también aquel líquido dijo: “menta poleo”. Por lo menos utilizó una palabra más que su compañera.
A pesar de la parquedad en sus respuestas tuvo la “cortesía” de decirme ¡¡que si quería otra infusión me la podía servir pero que ella me había dado menta poleo!!.
Pienso que esas dos chicas se tuvieron que sorprender tanto como yo al ver aquel líquido turbio y se quedaron sin una respuesta convincente, de ahí su poca locuacidad.
Yo puedo aceptar que un error como ese se pueda producir, desde luego no me agrada pero lo puedo comprender, ahora bien que aún después de ver aquel líquido tuviesen la poca honestidad de decir menta, o menta poleo, me pareció bastante cínico.
Imagino que el cacharro metálico que contenía la bolsita de menta poleo tendría algún tipo de poso o residuo, a saber de qué, y al reaccionar con el agua caliente convirtió la infusión en el falso caldo de pollo.
Después de escuchar que la chica quería servirme otra de esas cosas le dije que no, que me marchaba.
Gracias de todas maneras.
Como estaba decidido a tomar una infusión me fui a la cafetería más cercana.
Hola.
Hola. ¿Que va a ser?.
Menta poleo.
Desde la barra lo pude ver. El camarero sacó de un bote lo que se suponía que tenía que ser menta poleo a granel. Lo introdujo en una especie de filtro. Y después de llenar el vaso con agua caliente metió aquel filtro con las hierbas y le colocó un plato encima.
Sólo necesité ver de cerca el invento, aquel filtro que parecía de una cafetera con cinco mil usos y restos incrustados de cuatro mil novecientos de esos usos, y en especial el olor de aquella infusión que podía ser cualquier cosa, para preguntarle:
Qué le debo.
Un euro.
Lo dejé en el mostrador, con la precaución de no destaparlo por cortesía a los que allí estaban desayunando, al mismo tiempo que decía: bueno, por lo menos no es caldo de pollo, ya se va pareciendo algo más a la menta poleo.
En casa, por fin, me pude preparar esta tarde con algo tan simple como:
- Un vaso
- Un poco de agua caliente
- Una bolsita de menta poleo
lo que ahora estoy tomando, la infusión de menta poleo.
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