Guia de Andalucia

Baja participación en las votaciones del Estatuto de Andalucía

21/2/2007 | 0 comentarios

Durante estos días, desde que se conocieron los resultados de las votaciones recientes, los políticos no dejan de preguntarse el motivo por el cual la participación en este Votaciones en Andalucíareferéndum ha sido tan baja. Según los datos que ha ofrecido la Junta de Andalucía la participación media en las 8 provincias ha sido del 36,2%, esto quiere decir que aproximadamente dos de cada tres andaluces con derecho a voto decidió no ejercer este derecho.
Conocer los motivos que han llevado al  63,8% de la población a no participar parece fundamental ya que la base de la democracia se encuentra justamente en esa participación de los ciudadanos en la elección del camino que ha de seguir nuestra sociedad. Si aquellos que tienen no sólo el derecho sino hasta la obligación de decidir sobre su futuro no se pronuncian, ¿entonces en qué situación se encuentra la democracia en una sociedad que se niega a participar en la toma de decisiones?.
Parece que algo debe de estar fallando y que no debe de tratarse de un problema menor puesto que en esta ocasión estábamos convocados para votar a favor, o en contra, del que será nuevo Estatuto de Andalucía.
¿Qué está sucediendo para que tantas personas consideren que estas votaciones son por completo ajenas a ellos?
Si escuchamos las respuestas que dan los políticos lo que encontramos son intentos de justificar lo que parece inaceptable intentando rebajar al máximo la gravedad de lo sucedido. Algunos asumen responsabilidades, otros aprovechan la oportunidad para buscar culpables pero en definitiva la realidad es que todos saben que están perdiendo puesto que la confianza de los ciudadanos en la clase política parece estar bajo mínimos.
Uno de los intentos de buscar una explicación pretende hacernos creer que la gente se ha relajado ya que de partida todos sabíamos que el “sí” ganaría y además en una votaciones en las que sólo un partido minoritario se mostraba en contra del Estatuto a la gente “no le hervía lo suficiente la sangre” como para votar aunque sólo fuese para fastidiar al contrincante.
Es ésta una explicación que puede tener su porcetanje de verdad sin embargo considerar que la base de la democracia puede estar en los deplorables espectáculos a los que nos tienen acostumbrados muchos políticos de diferentes bandos donde los insultos, las descalificaciones y en general un comportamiento barriobajero y miserable puede ser lo que de verdad despierte el ánimo para ejercer el derecho al voto resulta cuando menos patético.
En ocasiones no es tan difícil encontrar explicaciones que puedan encajar bien con la realidad y en este caso no parece tan complicado proponer algo más razonable que la ausencia de crispación política para justificar ese porcentaje del 63,8% de personas que no han votado.
A pocas personas se les escapa que vivimos en una sociedad donde lo que interesa es fomentar el egoismo y el materialismo (no se preocupe ya que seré breve y dejaré fuera la clase de filosofía). Esto que puede parecer ajeno a lo sucedido este domingo día 18 realmente tiene mucho que ver con al alta abstención.
Suponemos que al mismo tiempo podemos aplaudir a quien gana dinero sin importarnos cómo lo consiga y consierar que somos fieles a los más elevados ideales. Igualamos dinero y éxito, dinero y plenitud, dinero y felicidad, dinero y poder, mientras tanto los valores tradicionales se pierden como si fuesen papel mojado que ya nadie puede entender. Metemos a los ancianos en asilos diciéndonos a nosotros mismos que sin duda mejor que allí no estarán en ningún sitio, es decir, nos libramos de ellos y de su visión trasnochada de la vida, mientras tanto le damos voz y voto a mocosos que nada saben de la vida pero que tienen dinero en su bolsillo (de ellos o de sus padres) para poder fomentar la economía comprando su cámara digital, su lector mp3, o su coche,… es decir, transformamos esta sociedad en inmadura tan sólo para poder seguir haciendo negocio.
Fomentamos en definitiva todo aquello que pueda garantizar que la economía seguirá adelante, da igual que sea haciéndole creer a la gente que son enfermos que no pueden vivir sin sus medicamentos o que no queda más remedio que dejarse robar para tener por techo un nicho de hormigón que tendrás que pagar durante 30 años y que te condicionará de mala manera toda tu vida.
La realidad es que a la gente se la puede engañar, se la puede presionar, se la puede pisotear,… pero ojo, si todos destrozamos nuestras vidas por una mentira, todos sin excepción tenemos que soportar la condena.
¿Qué ocurre si por parte de cierto grupo social, en este caso la clase política, se rompe el juego en su favor?
Lo sucedido en Marbella no tengo la menor duda de que sin estar en la conciencia de los no votantes si que ha servido para asentar un malestar en contra de los políticos y por lo tanto de la asociación entre política y democracia la que ha salido perdiendo ha sido esta última.
Lo que sucedió en Marbella nadie de los que pude leer o escuchar lo explicó correctamente.
En esa ciudad un grupo de personas decidió que todo lo que en esta sociedad se fomenta como propio de triunfadores, es decir, almacenar dinero como si se tratase de trigo, ellos lo podían hacer a una velocidad de vértigo. No tenían que causar un daño directo y evidente a nadie, incluso en apariencia todos parecían salir ganando: la gente que quería pisos los tendría, los constructores seguirían siendo el motor de nuestra economía y los políticos conseguirían vivir como nunca imaginaron. Es verdad que todo se hizo valiéndose de las instituciones y pensando en un bien propio y por lo tanto ignorando el daño real que se estaba causando al hacer uso de una posición privilegiada para enriquecerse. Sin embargo me resulta muy fácil entender a todas esas personas. Cuando desde pequeños vemos que al pobre se le trata a patadas y al que pasa delante de nosotros con su coche de lujo se le recibe siempre con los brazos abiertos allí donde va es muy complicado no asimilar como lo verdaderamente importante conseguir dinero a costa de lo que sea.
En Marbella lo que sucedió es que un grupo de políticos decidió de la manera más descarada alcanzar todo lo que el resto de ciudadanos desea. De hecho me pareció muy natural que alguna de las personas que hoy día están en prisión debido al caso Malaya se soprendiese de que se le considerase como delincuente cuando lo que hizo fue luchar de manera incruenta por todo aquello por lo que tantos dan su vida.
Vamos a ver: si a usted un constructor le quisiera dar una gratificación de 200 millones de euros por permitirle hacer su trabajo en determinada zona y además pudiendo quedar todo ese asunto en privado, beneficiándose su municipio de nuevos edificios donde más gente podría vivir, ¿qué haría usted?.
Piense tan sólo en esto: gracias a esos 200 millones usted podrá tener todo lo que hoy día se considera imprescindible para ser feliz: su tarjeta de El Corte Inglés, el apartamento en la playa, su seguro médico privado, su coche de lujo,… es decir, tendrá todo aquello por lo que tantos millones de personas luchan a diario. No quiero decir con esto que usted tenga que ser de manera forzosa una persona totalmente materialista, puede que como decía Groucho Marx a usted también le gusten las pequeñas cosas, por ejemplo una pequeña fortuna, una pequeña mansión, un pequeño yate,…
Además evitará que el empleado de turno del banco lo mire como un muerto de hambre cuando tenga que ir a pedir un préstamo para poder pasar el mes, y de manera especial usted evitará esa sensación de estar haciendo el estúpido trabajando día tras día en algo que probablemente no le despierte pasiones y sabiendo que está condenado a aceptar como imprescindible todo lo que muchas otras personas han asumido como metas, es decir, tendrá que dedicar buena parte de su sueldo para comprar, visitar o hacer lo que le permitirá sentirse integrado en la sociedad sin importar mucho si realmente a usted todo eso le está beneficiando.
Pues bien, lo que ha resultado inaceptable por completo en todo este asunto del caso Malaya es que unos listillos hayan querido conseguir de manera acelerada aquello que tantos y tantos desean y por lo que tantos luchan a diario y casi nadie consigue jamás.
Resumiento:
Les pedimos a los políticos que sean ángeles y se alimenten del aire, les pedimos que representen elevados ideales pero al mismo tiempo metemos en nuestros Ayuntamientos a empresarios que vienen a hacer negocio prometiéndonos que también nosotros, además de ellos, saldremos beneficiados. Nunca tuve nada en contra ni a favor de Jesús Gil, pero por favor, ¿cómo pudo ser este hombre alcalde de Marbella?.
Le pedimos a alguien que al mismo tiempo es constructor y alcalde o concejal, que sea capaz de ser justo incluso cuando sus intereses personas, o los de sus familiares, están en juego.
Y claro está, cuando nos defraudan nos sentimos decepcionados con la política y con la democracia y como consecuencia nos olvidamos de votar porque no queremos seguirles el juego a los que nos engañan.
Al final todos salimos perdiendo.

Por lo tanto lo que les diría a los políticos que se están inventando excusas relacionadas con la relajación de los votantes es que procuren olvidarse de los votantes y se miren a si mismos. Es necesario dar buen ejemplo para que otras personas confien en lo que uno representa.

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Category: Curiosidades

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