Noticias de Andalucía
29 June, 2007
Conocer lo que otra persona puede aportar en tu vida no parece ser cuestión de décadas ya que el mayor número de separaciones entre matrimonios andaluces se dio en parejas que sólo llevaban juntas 3 años.
Puede que debido al creciente número de rupturas, las últimas cifras conocidas del año 2005 apuntan a que hubo 11.613 separaciones y 10.748 divorcios, se pudiera intentar deducir que cada día nos entendemos peor y tal vez sea cierto en parte sin embargo más que una cuestión personal los divorcios y separaciones son una cuestión social.
Lo que esperamos de nuestra pareja viene marcado por unos patrones que parecen estar elaborados en fábricas de cuentos de hadas. Al mismo tiempo que buscamos a alguien cariñoso/a, amable, sincero/a, trabajador/a, atento/a,… desatendemos por completo sus necesidades o directamente no las consideramos (puede que en muchas ocasiones debido a incapacidad para ofrecer lo mismo que solicitamos), sin que exista un equilibrio entre lo que se espera y lo que se ofrece. En muchas parejas al mismo tiempo que se produce un fracaso de las expectativas se paga con la misma moneda esa desilusión. Esto acelera aún más la ruptura con lo cual no es de extrañar que el límite de 3 años sea el más común entre los matrimonios andaluces para decidir separarse.
Es evidente que los motivos por los cuales se separan los andaluces no coinciden siempre, unos se mostrarán decepcionados por lo poco que les recompensa el matrimonio, otros considerarán que más les vale separarse antes que seguir recibiendo la lluvia diaria de desprecio o malestar sin límite y probablemente otros hasta se aburran o no sean capaces de encontrarle más ventajas que inconvenientes al matrimonio.
No voy a negar que en manos de cada cual se encuentra mejorar su vida y la de su pareja sin embargo la libertad que tenemos para poner en práctica esa vida más agradable no siempre es una apreciación muy realista y ni siquiera útil.
Le pedimos a un hombre o una mujer que de repente comienza a vivir en pareja que sepa adaptarse a esa vida y aún más, le pedimos que se comporte como si a diario, nada más llegar a casa o al salir de vacaciones, fuese nuestro particular Cary Grant o nuestra Audrey Hepburn. Le pedimos cariño, le pedimos diversión, complicidad, sorpresas,… y cómo no, le pedimos el dinero que haga posible esa vida.
Pedimos milagros en la mayoría de los casos. Un hombre o una mujer que han podido recibir la misma educación que una cabra de monte, que pueden tener los mismos modales y delicadeza que un gorrino en un día caluroso ante la expectativa de un gran charco de lodo, o que nos pueden sorprender con sus ilusionantes conocimientos de marcas de cervezas combinadas con las teorías más arriesgadas sobre cómo ganar partidos de fútbol o sobre profundas cuestiones espirituales relacionadas con la combinación perfecta entre vestidos de última moda con zapatos caros.
Lo peor del asunto es que, en la brillantez o la mediocridad, todos son personas y todos desean ser amados. Muchos se ven oprimidos por una vida que los maneja como peleles, otros ya no dan más de si mismos porque en su lucha diaria nunca obtienen recompensas, los hay que aparentando ser más listos que nadie prefieren utilizar y desechar a sus parejas a su antojo, y no falta quien se plantea esto del matrimonio como un buen negocio que poco tiene que ver con cuestiones sentimentales… en definitiva que inmersos en cuentos de hadas creemos que podemos utilizar una barita mágica y transformar automáticamente, tras pronunciar el si quiero, a los sapos, o ranas, en príncipes y princesas.
Si queremos mejores personas en nuestra sociedad tenemos que preocuparnos más por las cuestiones humanas y no considerar que esas personas son simples herramientas que pueden ser utilizadas o desechadas a nuestra conveniencia.
Todos imaginamos que somos excelentes personas pero sólo necesitamos que alguien nos esté “tomando las medidas a diario” para darnos cuenta de que parecemos una carretera empedrada en la cual quien nos acompaña no deja de tropezar.
¿Estás divorciado/a o separado/a?
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