¡Un maravilloso verano! Más un recuerdo de la infancia.

No falla ni un solo año. Aquí de nuevo llega el verano tan puntual como siempre.
Ya sé que para algunos/as el verano es sinónimo de calores difícilmente soportables y que nada mas aparece en el almanaque el día 21 de Junio lo primero que desean es arrancar las hojas que les separan de Septiembre. ¡Oh! Septiembre. Qué recuerdos me trae ese nombre. Unos recuerdos de cómo descubrí una de las maravillas de este mundo en mi infancia.
No sé la edad que tendría, pero puede que en torno a los 10 u 11 años. Antes de nada tengo que decir que por aquel entonces vivía en un pequeño pueblo que es justamente en donde hoy escribo estas mismas líneas, aunque todo ha cambiado tanto que resulta difícil reconocer el pueblo y tal vez reconocerme yo mismo. Pero bueno, el hecho es que aquí estaba yo bastantes años atrás.
En aquellos días unos familiares que vivían en Barcelona habían hecho sus maletas con la intención de trasladarse a este lugar, así que en una casa que compraron con tal fin comenzaron a guardar todo lo que transportaban.
Un buen día fui con mis primos a esa casa. Subimos a un desván dedicado a lo que ellos tenían en su casa de Barcelona. Recuerdo todavía que tenían unos tebeos (por aquellos años todavía no los llamaban cómics) del capitán américa que me atrajeron mucho. Yo había leído hasta entonces a Jabato, tal vez menos sofisticado que ese capitán pero con historias bastante entretenidas.
Entre todo el desorden me enseñaron un tocadiscos y como lo interesante del aparato no era verlo sino oírlo funcionar lo enchufaron con la satisfacción de ver que no se había estropeado en el traslado. De una caja sacaron 3 discos como si fuesen reliquias, como si fuesen tesoros. Por lo menos a mí me pareció que se excedían en los cuidados que le daban a esos discos aunque unos años después supe por experiencia propia, cuando me compré mi propio tocadiscos, que ese trato era necesario para conservarlos en buenas condiciones.
Pusieron el primer disco y cuando comenzó a sonar aquella música tan radicalmente diferente a los sonidos que yo había tenido oportunidad de escuchar hasta ese momento me pareció que algo maravillo estaba descubriendo en ese momento.
Fue terminar aquella canción (eran discos de 33 r.p.m. con una sola canción en cada cara) y al comenzar a sonar la segunda canción ya tuve la confirmación de que algo extraordinario me tenía reservado el mundo. Allí fuera debía de haber un tesoro increíble, inimaginable, que excedía todo lo que yo podía esperar.
Cuando pusieron el tercer disco ya no tenía ni la menor duda. El mundo debía de ser un oasis sin límites de un desbordante apoteosis de los sentidos.
Recuerdo cuáles fueron aquellos dos primeros discos, cada uno de ellos de un grupo diferente, pero ahora quiero recordar el tercer disco. Esto fue lo que escuché en aquel desván: qué maravilla.
El mundo tenía que ser maravilloso, todo sorpresas, goce y felicidad.

Category: Crítica social

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